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Fina Rubio: “Queremos abrir una vía para generar apoyos en la lucha contra la desigualdad salarial”

Saioa Baleztena

La aplicación de las sanciones contra la brecha salarial en Islandia, ha despertado esperanzas en colectivos que cuentan con una amplia trayectoria en la lucha por la igualdad de género. La Ley de igualdad efectiva entre hombres y mujeres está vigente en el Parlamento de Catalunya desde julio del 2015, pero, pese a ello, se calcula que la brecha salarial sigue siendo del 26%. En este contexto la Fundació Surt, que cuenta con 25 años de trayectoria, ha iniciado una campaña que exige la erradicación de la brecha de género en el Parlamento de Catalunya. Entrevistamos en su sede a la presidenta de la Fundación, Fina Rubio.  


La media anual de diferencia entre los salarios de hombres y mujeres es del 26%. Pero no solo eso, el porcentaje sube hasta el 42,6% cuando se analizan las granjas salariales más bajas.  ¿Cómo valora estos datos?

No podemos perder de vista que de lo que hablamos es de una desigualdad estructural. Por eso es tan difícil modificar esta realidad, porque hablamos de una estructura heteropatriarcal arraigada totalmente al capitalismo. Parece un discurso ideológico, pero no es más que la realidad. Desde la revolución industrial hasta ahora hemos avanzado en muchas cosas pero, en cambio, la gran brecha continua penetrando en todo el tejido social: en el mercado laboral, pero también en la vida cotidiana. Partiendo de lo que dice la OIT o el Fórum Económico Mundial, o los estudios de la ONU, incluso, suponiendo que no cambiamos nada, la situación tardará en igualarse más de 200 años.

Pero, ¿cómo se mide la desigualdad salarial entre hombres y mujeres?

A través de un conjunto de elementos. La realidad es que, pese a la Ley de Igualdad, comparando la masa salarial de hombres y mujeres existe una diferencia de casi 7000 euros anuales de media. Esta desigualdad se genera por diferentes motivos. Uno de los problemas que genera más desigualdad es que las estructuras de puestos de trabajo tienen trampa: en los convenios de responsabilidades de un mismo nivel de profesión, los  hombres acaban estando en un nivel superior que las mujeres. Por ejemplo, en el sector de limpieza industrial, un sector muy feminizado, por cierto, las mujeres están en una categoría, y automáticamente, por limpiar los cristales, que es el trabajo donde existen más hombres, el convenio tiene una categoría superior, por este motivo es imprescindible revisar las categorías. Y por otra parte, en los convenios nos encontramos con que las negociaciones sectoriales tienen un deje muy masculino porque tienen muy poco presente las necesidades de las mujeres. Y evidentemente, a todos estos argumentos se le suma la realidad no reconocida de las mujeres: la responsabilidad de los trabajos del cuidado.

La legislación catalana actual, en cambio, garantiza la igualdad salarial. ¿Cuál es el problema, en este caso?

La contradicción es que avanzamos en leyes, porque hay movimientos feministasn y sociales que presionan y consiguen cambios, pero su aplicación se acaba quedando en papel mojado, normalmente. Sin su aplicación, por tanto, no podemos modificar la realidad. 

Con el fin de revertir esta situación, la Fundació Surt reclaman que Catalunya sancione la brecha salarial, como lo hace Islandia. ¿Cómo valoran la respuesta que están recibiendo?   

Muy positivamente. La brecha salarial es una realidad que arrastramos desde hace mucho tiempo y sabemos que encontraremos muchas dificultades para cambiarla. En medio de esta lucha, descubrimos que un país pequeño como lo es Islandia, ha encontrado la llave para erradicar la brecha salarial. Nosotros nos lo hemos planteado como una propuesta de suma, queremos abrir una vía para generar apoyos en la lucha contra la desigualdad salarial.

¿Cuáles son las medidas que proponen?

Las medidas que reclamamos son de fácil aplicación, porque la ley catalana de Igualdad ya las recoge. Para empezar, inspecciones laborales que aseguren que se cumple la ley. Evaluación y seguimiento contínuo de los planes, que también contempla la ley pero no se aplica: no podemos permitir que los planes queden olvidados. Y, finalmente, si aquello que contempla la ley no se aplica, exigimos sanciones. Si todas estas medidas se aplicaran avanzaríamos muchísimo. Veremos.

Las propuestas normativas de la ley de Igualdad que aprobó en 2015 el Parlament de Catalunya ha quedado suspendida por el Tribunal Constitucional. ¿Cómo afecta esta situación a vuestra propuesta?

Nuestra propuesta es viable y por lo tanto, mientras exista esta suspensión, buscaremos otros mecanismos y propuestas, que pueden ir desde ILPs hasta otras alternativas diferentes. Lo que está claro es que son propuestas realistas.

¿Confían en que Catalunya sea pionera en la aplicación de estas sanciones?

Sin ninguna duda. Somos optimistas pese a que el momento no de demasiados motivos para serlo. Sobre todo porque Catalunya es de momento pionera en mantener una resistencia social muy fuerte. La capacidad de movilización de la sociedad es nuestra esperanza.

¿Para acabar, cuáles son los retos principales de la fundación que preside, de cara al futuro?

Tenemos muchos retos. El centro de todas nuestras actividades es la perspectiva de empoderamiento. Por una parte trabajamos en la erradicación de la feminización de la pobreza, además, nos sumamos al reto de democratizar las tareas relacionadas al cuidado y, finalmente, trabajamos también la erradicación de las violencias machistas, que continúan siendo una de las lacras más dolorosas de nuestra sociedad.

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