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Regina Martinez: "La soledad no deseada tiene unos efectos devastadores sobre el organismo"

Saioa Baleztena

Psicóloga gerontóloga y miembro del equipo de la Universidad al Alcance de la Universidad Autónoma de Barcelona durante cinco años, Regina Martínez es desde 2014 la Coordinadora del Observatorio de la Soledad y del área de Programas Intergeneracionales de Amics de la Gent Gran en Cataluña. Charlamos con ella en Barcelona sobre esta plataforma de análisis que tiene como finalidad, “dar notoriedad al fenómeno de la soledad como fenómeno complejo”.

Dicen que la soledad es la epidemia del siglo XXI...

Existe un debate sobre si es correcto significar la problemática como epidemia. Por un lado, efectivamente, varios estudios indican que, en los países occidentales,  una de cada tres personas se siente sola habitualmente o con frecuencia, y la evidencia científica apunta desde hace tiempo a los graves efectos que la soledad no deseada tiene sobre la salud (comparables a las consecuencias que tiene sobre el organismo la obesidad o el tabaquismo). En esta línea, en los últimos años hemos visto como los gobiernos de varios países, como Reino Unido o Francia, han impulsado programas nacionales para concienciar y apoyar a las organizaciones que intervienen contra la soledad, tratando este fenómeno como un problema social y de salud pública de primer orden, y caracterizándolo de epidemia, como se ha hecho desde la administración británica.

En cambio, hay quien alerta de los peligros de tildarla de epidemia…

No deberíamos generar discursos de alarma efectistas para poder transmitir la importancia de la soledad. Menos, todavía, si estos acaban determinando políticas o intervenciones que quizás no son las más adecuadas. En cualquier caso, más allá del debate terminológico, pienso que debemos buscar soluciones profundas, con una visión transversal, desde la cual se trabaje la prevención y se rehúya del sensacionalismo para implicar a largo plazo a los diferentes actores sociales que pueden revertir la situación.

¿Cuál es la radiografía de la soledad en Cataluña?

Según la INE, Encuesta de hogares 2016, se calcula que más de 300.000 personas, mayores de 65 años, viven solas en Cataluña, y de estas, se estima que 150.000 sufren soledad no deseada y aislamiento social, afectando especialmente a las personas de más de 80 años. Además, las proyecciones demográficas apuntan a un aumento de la población de 65 años sobre el total en las próximas décadas, que hará que el 2051 el 36,5% de la población tenga más de 65 años (INE, 2011). Si no actuamos para variar las condiciones sociales y construir un entorno que nos proteja de las situaciones de soledad, la problemática puede aumentar muy significativamente.

¿La experiencia de estar solo es diferente por un hombre o una mujer?

En nuestro caso, el 87% de las personas mayores que acompañamos son mujeres. Sabemos que la mayor esperanza de vida hace que las mujeres de esta generación se encuentren en una situación de viudedad más a menudo que los hombres, hecho que tiene un fuerte impacto en la aparición de la soledad no deseada por ellas. Sabemos también que los trabajos de cuidado a terceros, mayoritariamente realizados por mujeres, abocan a una situación de soledad más abrupta, puesto que cuando ya no se precisan los cuidados, o cuando muere la persona cuidada, se reduce o desaparece la red de relaciones sociales. Por otro lado, la peor situación económica de las mujeres mayores las obliga, en muchos casos, a tener que prescindir de la prestación de servicios por la cura, sean domiciliarios o residenciales, reduciendo los contactos que tiene y generando situaciones de pobreza que fomentan en muchos casos el aislamiento.

¿Cuáles son los motivos que han provocado el aumento de la soledad a los últimos años?

Vemos que hay algunos elementos que pueden estar agravando la problemática. El aumento de las personas que viven solas es un factor clave, puesto que son las que más tienden a sentirse solas. Los cambios a la familia, a los modelos relacionales y el auge del individualismo son factores importantes. Además, en la ciudad de Barcelona, donde desarrollamos gran parte de nuestra acción social, vemos que el deterioro de espacios comunitarios afecta de forma muy especial a las personas mayores.

¿Cuáles son los efectos de la soledad en la salud? 

La soledad no deseada tiene unos efectos devastadores sobre el organismo. Los efectos son diversos y existe mucha evidencia científica al respeto. El seudocientífico y psicólogo John Cacioppo dedicó gran parte de su vida a investigar sobre la cuestión desde la Universidad de Chicago. identificaba, por ejemplo, más fuentes de estrés crónico que sobre otros individuos. Además, la OMS cita la soledad como una de las principales causas de deterioro de la salud para las personas mayores: provocando insomnio, infarto de miocardio, depresión, ansiedad... De hecho, se estima que los efectos de la soledad se equiparan a los efectos de fumar 15 pitillos diarios.

¿Se puede superar la soledad?

Como entidad de voluntariado destinada al acompañamiento emocional que desde hace más de 30 años impulsa la acción social,  sabemos que las relaciones de amistad que se construyen desde el aprecio y la autonomía son una fuente de apoyo emocional clave para hacer frente a las situaciones de soledad. También sabemos que sentirse parte de la comunidad, es fundamental para la integración de la persona que quiere combatir la soledad social. Por eso, desde Amics de la Gent Gran impulsamos también actividades de socialización y promovemos la participación en espacios de la comunidad. Aún así, cada situación es diferente y depende de múltiples factores, no hay mapas ni directrices definitivas en un terreno que se dibuja con tantas particularidades, con tantos matices marcados por los diferentes estilos personales, historias de vida y situaciones. Es clave atender y acompañar desde el prisma de la  singularidad.

¿Cómo lo trabajáis la soledad desde Amics de la Gent Gran?

Nuestra misión es luchar contra la soledad y la marginación social de las personas mayores, mediante la acción de voluntarias y voluntarios que las acompañan y la sensibilización de la sociedad. Sabemos que la soledad y el aislamiento  intensifican otras problemáticas. Para combatir la soledad emocional potenciamos la amistad, como vínculo nacido de un aprecio que crece entre dos personas. La amistad es libre y libre es el vínculo que comparten las personas voluntarias y las personas mayores, para ello, trabajamos tres acciones concretas: el acompañamiento emocional a personas mayores desde programas de acompañamiento individual vinculante; la dinamización social a partir de la participación en actividades de socialización;  y la sensibilización de la sociedad sobre la realidad en que viven las personas mayores para combatir el edadismo o la discriminación por edad.

¿Qué papel tienen las administraciones públicas en este sentido?

Las administraciones públicas tienen un papel fundamental, e intervienen en varios sentidos. En primer lugar, el trabajo en red que realizan muchos profesionales de primera línea de los servicios públicos acontece clave para poder llegar a las personas mayores. La detección de situaciones de soledad y la remisión de solicitudes de acompañamiento proviene de la tarea diaria de centenares de profesionales sensibilizados y sensibilizadas con la problemática. Pero el trabajo en red va más allá, y el seguimiento conjunto que se realiza de forma cotidiana nos ayuda a llevar a cabo una acción mucho más integral. Por otro lado, la financiación de la administración pública es fundamental para muchas entidades. Por último, la administración promueve programas propios que, en colaboración con la sociedad civil, inciden de forma específica sobre las situaciones de soledad no deseada. Programas como Radares o Vínculos del Ayuntamiento de Barcelona son un buen ejemplo.

Para acabar, ¿cuáles son los retos de cara al futuro?

Una de las cuestiones que emerge desde diferentes perspectivas es la necesidad de no estigmatizar la soledad y de romper con el discurso centrado únicamente en el envejecimiento biológico. Sin este replanteamiento nos encontraríamos con una situación de perspectivas de cambio francamente estáticas.  Como segundo reto de futuro, será clave construir espacios intergeneracionales más allá de la familia. Cuando analizamos las circunstancias que traen a las personas mayores a la reducción de su red personal, sobre todo a partir del 80 años, vemos que acontece fundamental promover las relaciones con personas de otras franjas de edad. Finalmente, y en tercer lugar, luchar contra el edadismo contribuye a dar visibilidad a la singularidad de las personas mayores y a combatir situaciones de discriminación diarias. Los estereotipos sobre las personas mayores también nutren la soledad no deseada

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