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Jon Blanco: “Sufrir un abandono a una edad tan temprana es algo que te marca para toda la vida”

Saioa Baleztena

Ayudar a los que más lo necesitan ha sido, desde siempre, una motivación para el joven estudiante de Educación Social Jon Blanco. Nació hace 26 años en Medellín (Colombia) y, tras vivir en una familia de acogida, llegó a Euskadi cuando tenía 6 años. Hablamos con él para saber qué ha significado para él la adopción. Nos confiesa que su objetivo es especializarse en adopciones para así, en un futuro, poder trabajar con niños y niñas que, como él, sufrieron una experiencia de abandono.  

 

Naciste en Medellín. ¿Cuántos años tenías cuando te adoptaron?

Tenía 6 años llegué a Bermeo el 4 de diciembre de 1999. Y recuerdo aquel día como si fuera ayer, fue la primera vez que sentí el frío en los huesos, llovía y era de noche cuando llegamos. Toda la familia nos esperaba y me hicieron un gran recibimiento. Al ser una adopción tardía, fui consciente desde el principio, de modo que pude vivirlo de manera natural y, simplemente, lo acepté.

¿Tus padres fueron tu primera familia adoptiva?

Sí. Anteriormente viví con una familia de acogida, de la que, sinceramente, no guardo un muy buen recuerdo... Aquella experiencia hizo que al principio me costara mucho confiar en mis padres adoptivos.

¿Cuáles son tus primeros recuerdos en Colombia?

Uno de los primeros recuerdos que tengo es de cuando tenía 3 años: una noche me desperté con el biberón al lado y decidí echarlo a la basura y no tomar mas biberones nunca. El siguiente recuerdo que poseo es de el día que mi madre biológica me dejó en casa de una amiga diciendo que iba a volver y después supe que no iba a ser así… También recuerdo especialmente el encuentro de bienestar familiar que organizaban en Colombia, una vez al año: nos reunían a los niños en situación de abandono y a los que sus padres biológicos habían sido privados de la custodia. Todos vivíamos una situación similar, compartíamos miedos y sueños, de modo que no había cabida para ningún tipo de discriminación. Simplemente éramos felices un rato. Por eso, recuerdo que no quería que terminara ni volver a casa de la familia de acogida que se me asignó…

En los últimos años ¿has querido tener información sobre los años previos a tu adopción?

Me gustaría conocer todo sobre mis años previos a la adopción, porque de alguna forma es la manera de autodefinirme y de saber, también, por qué soy como soy. Por qué poseo las ambiciones que tengo ahora, o simplemente a qué se deben mis miedos.

¿Has podido conocer a tus familia biológica?  

Desgraciadamente, aunque me gustaría conocer Medellín y mi familia biológica, me gustaría mucho, a veces visualizo el momento, pero todavía no me veo del todo preparado. La verdad es que tengo poca la información sobre ellos: por parte de mi madre solo se su nombre y primer apellido, en cuanto a mi padre no se sabe nada. También dispongo del nombre y apellido de la amiga con la que me dejo en un principio mi madre.

Hay quien cuestiona tener que esperar hasta los 18 años para poder conocer a vuestros padres biológicos. ¿Lo compartes?

Yo no puedo cuestionar las ganas de conocer a nuestros padres biológicos. puesto que hasta el que dice que no quiere, seguramente por miedo, de alguna forma en su interior siente lo contrario. Diría que incluso la curiosidad y el deseo de saber siempre se imponen de alguna forma al miedo. Es como el día antes a una excursión a un sitio que nunca has estado: por los nervios o miedo ni siquiera puedes dormir, pero a la vez estás deseando que llegue el día siguiente. No obstante, yo aconsejaría estar preparado en la mayor medida, por eso recomendaría esperar a la mayoría de edad. Por una parte, para ser consciente y poder entender la situación, y por otra, para poder digerirlo, puesto que es para esto para lo que hay que prepararse.

¿Cómo recuerdas tu llegada a Bermeo?

Mentiría si te dijera que todo fue de color de rosa. Llegué con una mochila llena de desconfianza producida por vivencias traumáticas. Con 6 años era perfectamente consciente de que me estaban adoptando y sabía que, ante aquella nueva realidad, había dos posibilidades: que todo fuera igual de mal que con la familia de acogida, o que la situación mejorara y encontrara una familia que verdaderamente me quisiera. Si te soy sincero, en aquel momento pensaba que no tenía nada que perder, pero después descubrí que era lo contrario. No es que no tuviera nada que perder, sino que gane mucho: unos padres que hoy en día no cambiaría por nada del mundo.

¿Alguna vez te has sentido diferente por ser adoptado?

Cuando me adoptaron fui uno de los primeros niños adoptados en mi pueblo, llegué a un país en el que todos biológicamente eran diferentes a mi. Si a eso le sumas la crueldad de algunos niños y niñas, es evidente que, aunque yo no me sintiera diferente, había quien se encargaba de recordármelo. Debido a los insultos racistas que yo sufría, sentirme aceptado por ellos ha sido, sin duda, lo más difícil de gestionar. En cuanto a mis padres, tengo que agradecer la gran labor que hicieron conmigo para cambiar la opinión que absorbía de los compañeros y compañeras de clase. Ellos me protegieron de cualquiera que pudiera ofenderme: movieron cielo y tierra para cambiar la situación de discriminación que sufría.

¿Cuáles son los sentimientos que te han acompañado en tu infancia y adolescencia?

Mi infancia estuvo marcada por sentimientos de abandono, miedo y desconfianza. Sufrir un abandono a una edad tan temprana es algo que te marca para toda la vida. Luego puedes tratar este tipo de traumas y hacerlo más llevadero, aprender a convivir con ello y quitarle importancia a medida que te vas haciendo mayor. Pero eso queda en la memoria para siempre. En cuanto a la adolescencia, en cambio, el sentimiento de abandono no fue tan evidente, era más la curiosidad de saber más sobre mis orígenes.

¿Estás contento con tu familia adoptiva?

No puedo estar más contento con ellos, tengo unos padres que me quieren y me cuidan como el primer día. Se que para ellos es difícil no seguir preocupándose por mi. A veces ha podido llegar a agobiarme esa preocupación, a medida que me he ido haciendo mayor, pero se que sin ellos no hubiese conseguido lo que tengo hoy en día.

Eres padre de una hija de dos años. ¿Qué está significando la paternidad para ti?

La paternidad es lo más bonito que me ha podido pasar en la vida. Me veo reflejado en sus ojos cada vez que la miro. Además de ser la única familia de sangre que conozco, es la única forma que tengo de conocer un poco más mis genes. Por eso, seguramente, hoy en día no siento tanta necesidad de conocer más sobre mi familia biológica, puesto que ella ha llenado esa carencia y curiosidad que sentía anteriormente.

Para acabar, ¿te gustaría ser familia adoptiva?

Siempre he pensado en adoptar un niño o una niña cuando fuera mayor. Y, hoy en día tengo mayor certeza de que algún día lo haré. Mi idea siempre ha sido tener dos hijos biológicos y adoptar a un tercero. Creo que mi vivencia y mis conocimientos podrían aportarle mucho a alguien que, como yo, ha vivido una experiencia de abandono. Es más, pienso que todas las personas con disponibilidad y recursos económicos deberían hacerlo. Es algo que te llena como persona y aporta muchos conocimientos y valores que de otra forma no podrían conseguirse.

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