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Javier Yanguas: "Esta sociedad tiene un debate pendiente sobre cómo queremos cuidar y ser cuidados"

Ainara Arregi

Javier Yanguas, reconocido psicólogo y gerontólogo, es Director Científico del Programa de Personas Mayores de la Fundación "La Caixa". Con gran parte de población vasca vacunada, un año y medio más tarde de que llegará el Covid 19 a Euskadi, charlamos con Yanguas para que nos cuente cómo ha visto durante todo este tiempo a las personas mayores, colectivo que a principios de la pandemia dio mucho que hablar.

¿Cómo ve a las personas mayores desde que empezó la pandemia a día de hoy?

Tal y como muestran los datos del CIS de marzo, y en la encuesta que nosotros en la Fundación La Caixa hicimos en mayo del año pasado, los datos son evidentes; las personas jóvenes lo han llevado peor que las personas mayores más jóvenes, y las personas mayores que sufren de algún tipo de vulnerabilidad (enfermos de Alzheimer, gente muy mayor, gente que vive sola, mayores que cuidan a otros mayores, etc) han sufrido más. Se ha multiplicado por tres la depresión, por cuatro la ansiedad y el nerviosismo, por cinco el distrés psicológico. Ahora mismo, los datos de salud mental son malos y lo que se espera que suceda es que empecemos a ver las consecuencias.

Las características de las personas que mejor han llevado la pandemia en casa, son aquellas personas que tienen más recursos personales, y no hablamos de dinero, sino de capacidad de gestión de sus emociones, capacidad de controlar los pensamientos. Y esto invita a una reflexión relacionada con los paradigmas del envejecimiento que se han centrado mucho en el "hacer" y poco en el "ser", es decir, en tener un proyecto de vida con sentido y significado. Tal y como decía la escritora inglesa Zadie Smith, "nos hemos tenido que enfrentar a la vida, digamos a la ensalada en crudo, sin aderezos, sin shopping, sin teatro, sin salir, sin pasear. Entonces esa ensalada cruda nos cuesta digerir".

Por otra parte, y no estoy hablando del entorno cercano, ni de Bizkaia o Euskadi, sino a nivel estatal, europeo o incluso mundial, hemos pasado página del drama vivido en la residencias para personas mayores y no sé si hemos aprendido algo. Los medios de comunicación han jugado un papel bastante lamentable en todo, y vuelvo a insistir que a nivel mundial, no me refiero a nuestro entorno, sino a nivel general. Creo que se ha lanzado un mensaje en el que la edad era el mayor de los argumentos. Yo he visto que éste virus edadista ha contaminado de edadismo esta sociedad. No ha habido información fidedigna y creo los que nos dedicamos a la gerontología, no hemos sido capaces tampoco de paralizar los mensajes edadistas, y explicar que predominan las condiciones de salud, como la obesidad, hipertensión, etc. 

¿Entonces cree que otra mirada era posible?

Sí, claro, sin lugar a dudas. Por ejemplo, el New York Times recogió en diciembre, cómo la congresista demócrata del Estado de Nueva York, Rachel May comenzó en junio de 2020 a trabajar para combatir la soledad y el aislamiento social que junto al Covid 19, están matando a las personas en residencias. En septiembre de 2020, generan algunas leyes de excepción para poder hacerse visitas a domicilio, a la residencia, porque entienden que la soledad también está matando. Yo veo que ha habido gente que ha puesto la salud pública muy por encima de las consecuencias que acarreaba el aislamiento y la soledad, y he observado que el mundo hay otras personas han hecho excepciones, y han jugado con flexibilidad. 

¿Por qué cree que, en general, no ha habido esa flexibilidad?

La Diputación Foral de Bizkaia ha sido pionera en esto, porque nada más empezar a vacunar sacó una orden foral que permitía realizar visitar en las residencias de Bizkaia con todas las garantías sanitarias y bajo estrictas medidas de control, por lo que se puede decir que Bizkaia ha tenido sensibilidad con este asunto. Ser el primero tiene sus riesgos y por esa parte, debemos felicitar a la Diputación Foral de Bizkaia, por haber sido el primero en tomar esa decisión. 

¿Por qué no se les ha cedido la palabra a las personas mayores para expresar sus preocupaciones, opiniones, inquietudes?

Nunca se les ha cedido la palabra a las personas mayores. ¿Antes se les ha preguntado? En esto, me parece que los humanos somos bastante contradictorios y esto lo recogió Adela Cortina en El País: durante la pandemia no sólo ha habido edadismo, también se ha dado gerontofobia, a la hora de elegir quien vivía y quien no, y con ello, se ha demostrado que tenemos un sistema de residencias, que ya sabíamos que era débil, y que es manifiestamente mejorable, también se ha hablado sobre la necesidad de sanitarizar a los centros residenciales, cuando en los hospitales no vive nadie, se ha visto la necesidad de reforzar la coordinación sociosanitaria… Tenemos un reto a nivel mundial. Y luego sale el Libro Verde del Envejecimiento de la Comisión Europea, que muy reducidamente propone que las personas mayores se cuiden mucho y no enfermen, cuiden se sus allegados y seres queridos, y cuídense a sí mismos, etc… Este es el plan que tenemos para las personas mayores, y creo, que no les estamos ofreciendo la atención que se merecen. Además, la gerontofobia, que ya existía hasta de que llegará la pandemia, es una fobia a lo que cada uno de nosotros va a ser en el futuro, porque, o vamos a envejecer o la alternativa a no envejecer, a día de hoy, es muy mala. Esto nos debería de llevar a una reflexión, de pensar en la sociedad que queremos, los valores que tenemos… Yo lo que quiero recalcar es que todo esto no es nuevo, ya se sabía lo que hay, y ésta sociedad tiene un debate pendiente, un debate sobre cómo queremos cuidar y ser cuidados. 

¿A qué se refiere con el debate de cómo queremos cuidar y ser cuidados?

Pues por ejemplo, ¿a qué estamos dispuestos para conseguir un estado de bienestar enorme?¿Qué nos podemos permitir? ¿Estamos dispuestos a pagar unos impuestos y asumir la carga que eso implica o no? ¡Seamos claros, igual no podemos asumirlo! Yo creo que la sociedad vasca, en particular ahora, tiene que decidir los cuidados, y tiene que ver cuáles son los límites de su estado de bienestar. 

¿Podemos decir que la pandemia ha puesto en entredicho el actual modelo de vejez?

Sí, yo creo que el modelo actual de envejecimiento activo tiene que ser revisado. Tenemos un modelo de envejecimiento basado en la actividad, que el buen ejemplo de mayor es un mayor hiperactivo, es un modelo de hace 25 años. Ahora, una vez que nos jubilamos, tenemos 20-25 años de esperanza de vida, por lo que, el actual modelo de envejecimiento hay que revisarlo, y la nueva sociedad está demandando nuevos modelos de vejez. Y creo que también está demandando un nuevo modelo residencial, está demandando un modelo no tan institucional, centrado más en el domicilio. Creo que necesitamos discernir lo que es el servicio de la vivienda, creo que necesitamos una atención centrada en la persona pero necesitamos tener claro qué tipo de atención queremos ofrecer, porque hacer atención centrada en la persona no quiere decir comprar 4 muebles y decir que decoro como una casa, sino que lo importante son precisamente las relaciones. En los países del norte de Europa hubo un debate sobre el modelo que se quería y como resultado fue ese cambio. Aquí ese debate público no lo hemos tenido, no se ha debatido. 

¿Por dónde deberíamos empezar para conseguir el cambio que comentas?

Tal y como te comento, por debatir. Aquí se habla del modelo que tiene que ser, sin debatir, y yo creo que es necesario saber cómo queremos que sean esos cuidados. Por ejemplo, yo no quiero que mis hijos me cuiden como yo he cuidado a los míos, no quiero que me cambien el pañal o me den de comer; yo prefiero que eso lo haga otra persona, y mis hijos aprovechen ese tiempo para estar o pasear conmigo. Luego tenemos otro punto que no entra en la ecuación y para mí es importante, y es que nuestros hijos van a vivir, probablemente, peor que nosotros.

¿Por qué?

Porque el ascensor social se ha parado, y porque ahora hay más pobreza infantil que pobreza entre las personas mayores, tal y como recoge el Libro Verde de Eusko Ikaskuntza del 2018. Si eso es así, también tenemos que mirar las cosas del futuro en clave de justicia intergeneracional. Si miramos las relaciones entre generaciones, siempre son relaciones de desigualdad, pero si miramos las cosas dentro del ciclo vital, tenemos momentos en los que ayudamos a los demás, y momentos en los que nos cuidan, y más o menos, esos momentos de aportación y recibimiento suelen estar compensados. No se puede plantear el futuro del envejecimiento, sin plantearnos el futuro de toda la población. No podemos pensar sólo en ayudas para las pensiones, cuando tenemos a la juventud con sueldos muy precarios, nos estamos jugando la cohesión social. Para mí, este debate tiene que ir más allá del modelo de residencias y centrarse en qué tipo de sociedad queremos. Éste es un debate de fondo que tiene Euskadi, España y Europa, que conlleva el envejecimiento de la población; conlleva desafíos cómo cuidar a las personas mayores, y al mismo tiempo, cómo conseguir que los jóvenes tengan un proyecto de vida, trae el desafío de cómo hasta ahora la base de nuestra sociedad es un pacto intergeneracional y pacto de cuidados. Pero esto ha cambiado, porque las mujeres están en el mercado laboral, por la globalización, porque ya no queremos condicionar nuestras vidas como condicionaron nuestro antepasados, etc. 

¿Dónde han quedado durante la pandemia los derechos de las personas más vulnerables de la sociedad?

Dice Kirmen Uribe en uno de sus libros "tomamos decisiones en la niebla". Cuando miramos para atrás, observamos que las decisiones tomadas en el pasado por incorrectas, pero claro, la niebla ya no está. En esta pandemia, yo siento que ha pasado esto. Yo tampoco sabía cómo actuar; a mí cuando me han llamado para consultar alguna decisión, yo soy parte de algunas de esas toma de decisiones, y en algunas igual ahora lo haría de forma diferente, pero esto nos plantea ante la pregunta: ¿de cara al futuro, si tuviéramos que tomar decisiones cómo lo haríamos?

¿Cómo habría que hacerlo si volviésemos a estar en una situación como la de marzo del 2020?

Yo creo que hay que mejorar claramente la atención sociosanitaria, creo que encerrar a las personas en sus habitaciones mejora la situación del Covid pero les mata de otra manera. Creo que nos tenemos que replantear que las residencias son espacios de vida para maximizar el proyecto de las personas, y eso tiene un costo. Tenemos que reflexionar sobre los derechos; los derechos no terminan con la edad, también tenemos que cambiar la atención, por una atención más profesionalizada con un sector que merezca la pena, con unos mejores sueldos, con una mejor profesión, y, hay que asumir que vivir tiene su riesgo.

¿Cuál es el mayor reto que tiene Euskadi en el futuro respecto al colectivo de personas mayores?

Yo creo que hay varios retos. A mí me parece que el cambio de atención residencial es importante. Además, también está el reto de conseguir una mejor y diversa atención en la comunidad. El tercer reto es pensar en el cambio de modelo de la vejez, y el cuarto y último reto es, pacto intergeneracional. Éste último reto me parece que es más transversal, porque implica trabajo y una mirada distinta de entender y concebir la sociedad y la cohesión social.

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