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Pedro y Mariví: "El verano pasado pasamos las vacaciones en un pueblo muy bonito llamado Getxo"

Jon Intxaurraga

Pedro tiene 86 años y vive en Algorta. Es ingeniero jubilado. Su mujer, Mariví, tiene 82 y ha sido profesora de dibujo. Llevan 56 años juntos y desde que se jubilaron "viven la vida", a pesar de la COVID.

¿Cuánto os ha cambiado la vida este último año?

P: Un montón. Antes bajábamos todos los días a Tamarises con los amigos y realmente se nos ha cortado, porque desde entonces no podemos salir; estamos encerrados en casa.

M: Estamos muy limitados para hacer cosas, nos falta el estar con otras personas, hablar. Al principio, lo llevamos muy mal y es triste decirlo, pero nos hemos acostumbrado.

P: El primer mes fue muy duro. No podíamos casi ni vernos con nadie, pero nos hemos ido acostumbrando a pesar de la mascarilla y demás, pero aquí seguimos viviendo.

Habláis del primer mes, ¿cómo fue vivir tanto tiempo sin salir de casa?

P: Los primeros meses muy duros. No tan duros en ese sentido, porque tenemos la suerte que nuestra casa no tiene tejado; sino una terraza que es “terraza-solarium” y dábamos vueltas. Eso nos servía para movernos, porque estábamos sin poder salir a la calle, porque no se podía.

M: Los días han sido como iguales, sin novedad. No podíamos ver a los amigos, ni a la familia… Muy duro. Luego vas poco a poco recapacitando y ves lo bueno que te queda y vives con ello. Pero para personas mayores como nosotros el tiempo es muy importante; va por meses y por años debido a la edad que tenemos.

¿Cómo os entreteníais?

P: Televisión, música y lectura y usar mucho el teléfono: hablar con amigos, familia, con todos…

¿Os hicisteis al Zoom?

P: Internet, esa asignatura la hemos perdido. Yo tengo un ordenador que es un "desordenador", no sé utilizarlo.

M: Lo llevamos bien que somos una pareja muy acorde. Estamos acostumbrados a no tener hijos; a vivir solos. No es tanta la lejanía de los hijos o nietos. P: Nuestro nido estaba vacío desde el principio, no ha habido alteración.

Al ser un grupo de riesgo, ¿habéis pasado miedo?

P: Hemos ido con precaución. Sólo hemos dejado de ir a los conciertos de la Filarmónica, porque implica coger el metro y aunque digan que es seguro, más seguro es no ir metidos por mucha mascarilla que te pongas. No hemos ido desde que empezó la pandemia. En ese sentido sí nos ha dado miedo. A las compras sí hemos ido.

¿Quizás por haber tenido algún caso alrededor?

P: No hemos tenido. Los únicos que hemos conocido han sido de amigos. Unos sobrinos sí lo han tenido, pero como no hemos estado con ellos, nada. Además, ha sido leve, como la de mis amigos.

P: Lo único que hemos tenido más serio es que en medio de la pandemia, en marzo del año pasado, mi hermano se puso enfermo. Tenía líquido en el pericardio, se lo quitaron y se lo sacaron. Empezaron a mirar y le encontraron un tumor en una glándula muy poco conocida llamada “el timo”. Entonces empezaron a tratarle con quimio y radiación y vivió seis meses. Lo triste fue que no pudimos ni verle; realmente se ha muerto mi hermano sin poderle visitar ni un solo día y sin poder ir al funeral por ser de grupo de riesgo. Psíquicamente nos afectó bastante, estuve fastidiado por la falta de verle a mi hermano.

¿Y cómo estáis ahora?

P: Bien, porque estamos vacunados y con ganas de que se vacune el resto para podernos juntarnos.

M: La semana pasada terminamos y nos está dando una gran tranquilidad. ¿Sabes cuál es la situación? Yo veía que es como un niño que tienes en una habitación jugando y distraído, pero si tú le cierras la puerta y le dices que tiene que quedarse ahí, le entra la angustia. Esta pandemia ha venido a ser una cosa similar. El hecho no es si vas a seguir haciendo lo mismo; sino el no poder hacerlo. Te crea una frustración y eso es muy importante. A nuestra edad sabes que el recorrido es corto y se mide por meses. Es la realidad, todos tenemos un principio y un fin, y eso te deja muy tocado, porque el verano fue duro también.

P: No pudimos ir de vacaciones, nos dio miedo. No pudimos ir a Cádiz por miedo de que enfermara uno, ¿qué hacía el otro? Al principio, las estancias en el hospital eran durísimas y ante la duda nos quedamos aquí..

¿Cómo hicisteis para darle la vuelta a la situación?

P: Pasar las vacaciones en un pueblo muy bonito llamado es Getxo (Risas).

M: ¡Hemos descubierto Getxo! Tenemos una casita en Santi Petri (Cádiz) y desde que nos jubilamos íbamos todo el verano: junio, julio y agosto, pero con esto se acabó. Sin embargo, hemos descubierto Getxo que también es un sitio precioso para pasar los veranos. No hay mal que por bien no venga. Vivimos en una casa agradable y es un lujo. Hay gente en nuestras condiciones que vive mucho peor.

¿Y cómo veis el que viene?

P: Estamos pensando en ir a Cádiz en verano y en lugar de meternos 1.000km en coche, que nos lleven el coche hasta ahí e ir nosotros en avión. Ya volveremos en coche para atrás y punto.

M: Normalizar la vida, ir a los conciertos… Creemos que el futuro va a ser "con cuidado", sin bajar la guardia; esto no se va a ir de la noche a la mañana. Además, no estamos inmunizados, somos transmisores también y hay que tenerlo muy claro. Lo demás, con la esperanza de volver a vernos con los amigos y poder un poco a la "rutina" de lo cotidiano y de vivir.

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