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De la solidaridad a la innovación

Aitor Ipiña

El trabajo en apoyo de las personas en exclusión social que actualmente existe nació del compromiso personal y vocacional de muchas personas que viendo las situaciones de dificultad y penuria de otros que vivían cerca de ellas optaron por dedicar buena parte de su tiempo en su ayuda. Un trabajo que se realizó por encima de pertenencias e incluso estructuras organizativas y del cual es buen ejemplo Bizitegi y los “bizitegis” pisos de acogida, lugares de vida compartida, que surgieron y se desarrollaron durante casi una década antes de organizarse en asociación.

Pero hoy en día, en tiempos donde imperan las categorías y los esquemas, hablamos de tercer sector social, como contraposición de los otros dos principales sectores de actividad que son el mercado y el sector público. Si definimos cada uno por la lógica que lo domina, estableceremos que el mercado se guía por la lógica del intercambio, el sector público por el derecho y los procedimientos y el tercer sector por la lógica de la solidaridad.

La evolución social ha ocasionado que aquel escenario, donde la lógica de la solidaridad era el único elemento que guiaba la actividad de las entidades sociales, haya dado paso a un modo de funcionamiento donde la profesionalización de la intervención social, paralela a la entrada de las Administraciones como garantes y proveedoras de servicios sociales, ha generado que las lógicas del intercambio y del derecho hayan irrumpido con potencia en el ámbito organizativo. El escenario actual es totalmente híbrido y el devenir de las entidades sociales viene muy determinado por la necesidad de dedicar esfuerzos y recursos en las tareas de gestión que conlleva la nueva situación.

Más allá de la añoranza, con que a veces se puede percibir el debilitamiento de aquel impulso y compromiso pionero y de trabajo desinteresado, hoy toca resituar y dar respuesta desde la nueva realidad al papel ineludiblemente debe desempeñar las organizaciones sociales en el avance de la sociedad hacia una mayor cohesión e inclusión social.

Pero esta aportación diferenciada solamente se podrá realizar desde la innovación, término muy en boga actualmente que define perfectamente la necesidad de articular nuevas respuestas a las nuevas realidades con las que nos enfrentamos. Tenemos que ser capaces de desarrollar la provisión de  servicios de manera diferente a como pueda hacerlo una empresa, nuevas maneras de acercarnos al voluntariado y nuevas maneras de comunicar

Las entidades del tercer sector social también deben innovar en la forma de relacionarse y trabajar conjuntamente. En un panorama consolidado de pequeñas entidades surgidas de iniciativas locales y a veces personales, es un reto inaplazable la potenciación del trabajo en red para conseguir una incidencia política significativa y para poder articular respuestas eficaces y diferenciadoras frente a la amenaza de la provisión de servicios sociales en condiciones de concurrencia competitiva.

Y por último, en este tiempo cobra una nueva dimensión la sensibilización y la denuncia, la generación de conciencia colectiva sobre la necesidad de cambiar nuestra mirada sobre las personas en exclusión y sobre la oportunidad dedicar recursos y esfuerzos a los programas de apoyo que necesitan. En resumen nuevas maneras de llegar a la ciudadanía para ir consiguiendo la transformación social que siempre ha estado en nuestro horizonte.

 

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