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Las personas mayores, un valor social

Jose Mari Macias

El pasado mes de agosto aparecía en una publicación nacional un artículo sobre tres mujeres artistas de más de 70 años hablando de sus logros, alcanzados a partir de esa edad. Titulaba la publicación su artículo como “La hora de las abuelas del arte”. Aunque el artículo ensalzaba la importarte labor de esas artistas, ese titular destaca la imagen de “abuela” y no su capacidad creativa. Pienso que es un ejemplo más de los estereotipos con los que se refleja la realidad de las personas mayores en nuestra sociedad.

Y es que en nuestro mundo la tendencia de pensamiento más extendida es la de considerar que al llegar a la edad de la jubilación, las personas mayores ya no somos más que una carga y un gasto. Y, aficionados como somos a poner nombres a las cosas, la discriminación que genera ese estereotipo, la discriminación de las personas por causa de su edad, es conocida como “edadismo”. Esa manera de pensar que nos lleva a considerar que a partir de los 65 años nuestro papel en la vida debe ser el ocio y el disfrute, se olvida de que la realidad no es así.

Claro que las personas mayores, al igual que las más jóvenes, queremos disfrutar del tiempo libre y de las oportunidades que nos ofrece la jubilación. Pero ese no es el único papel que desempeñamos en la sociedad.

Muchos mayores nos asociamos y organizamos actividades diversas. Pondré un ejemplo cercano: Bizidun, una asociación de personas mayores del Duranguesado, ha organizado en 2017 mas de 100 actividades de diverso tipo, de ellas cerca de 40 relacionadas con el aprendizaje permanente y la cultura. Y otro más: las personas mayores de Abadiño se han organizado para poner en marcha el proyecto Abadiño lagunkoia que en estas fechas, siguiendo las directrices que propone la Organización Mundial de la Salud, está llevando a cabo el diagnóstico de la amigabilidad de su pueblo con las personas mayores. En ambos ejemplos, son las personas mayores las que están llevando todo el peso de la organización y difusión de esas actividades, recibiendo únicamente el soporte material de las instituciones para llevarlas a cabo. ¿Son personas productivas las artistas que citaba más arriba o las personas que organizan estas cosas?

Creo, por otra parte, que tampoco debemos olvidarnos del papel esencial que las personas mayores tenemos en la familia, como cuidadoras de nietos o de nuestras parejas. O el de sostenedoras del comercio local, que sentimos más cercano y al que nos gusta acudir.

Cuando venimos comprobando año a año cómo las estadísticas muestran el progresivo aumento de la duración de la vida, querría añadir otra reflexión, para mostrar que el colectivo de los mayores es un grupo social como los demás, diverso y digno de ser valorado desde la realidad poliédrica que representa: si pensamos en los grupos de edad comprendidos entre los 30 años y los 60, no consideramos a todas personas que lo componen como un grupo social indiferenciado. ¿Porqué entonces lo hacemos con las personas que tienen entre 60 y 90 años, a las que llamamos personas mayores, sin más distinción?.

Las personas mayores somos algo más que “abuelas”. Y queremos vivir y ser consideradas como personas que son capaces de seguir participando plenamente en la sociedad en la que nos ha tocado vivir, en la que seguimos siendo útiles, importantes y necesarias.

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